James Alison: Los textos en Levítico 18,22 y 20,13 – EP 3

Textos para la 3a sesión (Levítico)

Hechos 10, 25-28 (Biblia de Nuestro Pueblo trad. Alonso)

Cuando Pedro entró, Cornelio le salió al encuentro, y se arrodilló a sus pies en señal de veneración. Pedro lo levantó y le dijo: –Levántate, que yo no soy más que un hombre. Conversando con él, entró y encontró a muchos reunidos, entonces se dirigió a ellos diciendo: –Ustedes saben que a cualquier judío le está prohibido juntarse o visitar a personas de otra raza. Pero Dios acaba de enseñarme que no se debe considerar profano o

impuro a ningún hombre. Lévitico 18, 22

ְוֶ֙את־ָזָָ֔כר ֹ֥לא ִתְשַּ֖כב ִמְשְכֵֵ֣בי ִאָָּׁ֑שהתּוֵֹעַָּ֖בהִִֽהוא׃

Transcripción: wa-ét zacar lô tishcav mishcavé isha : toévá hû
Traducción literal: y con varón no yacerás los yacimientos de una mujer : sagrada

prohibición es
Tr. griega de los LXX: καὶ μετὰ ἄρσενος οὐ κοιμηθήσῃ κοίτην γυναικός βδέλυγμα γάρ

ἐστιν

ְוִִ֗איש ֲאֶ֙שרִיְשַּ֤כבאת־ָזָכֶ֙רִמְשְכֵֵ֣ביִאָָ֔שהתּוֵֹעָֹ֥בה ָעַּ֖שוּ ְשֵניָּׁ֑הםֹ֥מוֹתיוַָּּ֖מתוְּדֵמיֹ֥הםִָֽבם׃

wa-ish asher yishcab ét-zacar mishcavé isha toévá asu senehem môt yumatú demehem bam

y si cualquier uno yace con un varón los yacimientos de una mujer : sagrada prohibición hacen; a los dos matar-se-han, sus sangres sobre ellos

καὶ ὃς ἂν κοιμηθῇ μετὰ ἄρσενος κοίτην γυναικός βδέλυγμα ἐποίησαν ἀμφότεροι θανατούσθωσαν ἔνοχοί εἰσιν

Deuteronomio 23, 17-18 (Biblia de Nuestro Pueblo – trad. Alonso)

Ningún hombre ni ninguna mujer israelita deberá consagrarse a la prostitución practicada en cultos paganos. No llevarás a la casa del Señor, en cumplimiento de una promesa, la paga de una prostituta ni el salario de un prostituto (lit: perro), porque los dos son abominables para el Señor, tu Dios.

Levítico 18 y 20 para contexto (Biblia de Nuestro Pueblo trad. Alonso)

18 El Señor habló a Moisés:
2 –Di a los israelitas: Yo soy el Señor, su Dios.
3 No harán lo que hacen los egipcios, con quienes han convivido, o los cananeos, a cuyo país

los llevo; ni seguirán su legislación.

4 Cumplan mis mandatos y guarden mis leyes, obrando en conformidad con ellos. Yo soy el Señor, su Dios.

5 Cumplan mis leyes y mis mandatos, que dan vida al que los cumple. Yo soy el Señor.
6 »Nadie se acercará a un pariente para tener relaciones sexuales con él. Yo soy el Señor.
7 »No tendrás relaciones con tu madre. Es de tu padre y es tu madre; no tendrás relaciones con

ella.
8 »No tendrás relaciones con la concubina de tu padre. Ella es la misma carne de tu padre. 9 »No tendrás relaciones con tu hermana, por parte de padre o de madre, nacida en casa o

fuera.
10 »No tendrás relaciones con tus nietas. Son tu propia carne.
11 »No tendrás relaciones con la hija nacida a tu padre de su concubina. Es tu hermana.
12 »No tendrás relaciones con tu tía paterna. Es de la sangre de tu padre.
13 »No tendrás relaciones con tu tía materna. Es de la sangre de tu madre.
14 »No ofenderás a tu tío, hermano de tu padre, teniendo relaciones con su mujer. Es tu tía. 15 »No tendrás relaciones con tu nuera. Es mujer de tu hijo; no tendrás relaciones con ella.
16 »No tendrás relaciones con tu cuñada. Es carne de tu hermano.
17 »No tendrás relaciones con una mujer y con su hija, o con dos primas hermanas. Son de la

misma sangre; es aborrecible.
18 »No tomarás a la vez a una mujer y a su hermana, creando rivalidades al tener relaciones

también con ella, mientras vive la otra.
19 »No tendrás relaciones con una mujer durante su menstruación.
20 »No te acostarás con la mujer de tu prójimo. Quedarías impuro.
21 »No sacrificarás un hijo tuyo a Moloc por el fuego, profanando el Nombre de tu Dios. Yo

soy el Señor.

22 »No te acostarás con un hombre como si fuera una mujer. Es una abominación.

23 »No te acostarás con un animal. Quedarías impuro. La mujer no se ofrecerá a un animal para unirse con él. Es una depravación.

24 No se manchen con nada de esto, porque eso es lo que hacen los pueblos que yo voy a expulsar delante de ustedes.

25 La tierra está impura: le pediré cuentas, y ella vomitará a sus habitantes.

26 Ustedes, en cambio, cumplan mis leyes y mandatos y no cometan ninguna de esas abominaciones, tanto el nativo como el emigrante que reside entre ustedes.

27 Porque todas esas infamias fueron cometidas por los hombres que habitaron el país antes que ustedes y por eso la tierra quedó impura.

28 ¡Que la tierra no los vaya a vomitar también a ustedes, por haberla manchado, como vomitó a los pueblos que estuvieron antes que ustedes!

29 Porque todo aquel que cometa una de esas abominaciones será excluido de su pueblo.

30 Respeten, entonces, mis prohibiciones no haciendo ninguna de las prácticas abominables que se hacían antes de llegar ustedes. No se manchen con ellas. Yo soy el Señor, su Dios.

20 El Señor habló a Moisés:
2 –Di a los israelitas: »Cualquier israelita o emigrante residente en Israel que entregue un hijo suyo a

Moloc será castigado con la muerte. Los habitantes del país lo apedrearán.
3 Yo mismo me enfrentaré con él y lo extirparé de su pueblo, por haber entregado un hijo suyo a Moloc,

manchando mi santuario y profanando mi Nombre santo.
4 Pero si los habitantes del país se desentienden del que entrega un hijo suyo a Moloc y no ejecutan al

culpable,
5 yo mismo me enfrentaré con él y con su familia, y extirparé de su pueblo a él y a cuantos como él se

prostituyen con Moloc.
6 »Si uno consulta a los espíritus de los muertos y adivinos para prostituirse con ellos, me enfrentaré con

él y lo extirparé de su pueblo.
7 »Ustedes, santifíquense y sean santos, porque yo, el Señor, soy su Dios.
8 »Guarden mis leyes poniéndolas por obra. Yo soy el Señor, que los santifica.
9 »El que maldiga a su padre o a su madre, será castigado con la muerte. Caiga su sangre sobre él por

haberlos maldecido.
10 »Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos adúlteros serán castigados con la muerte. 11 »Si uno se acuesta con la concubina de su padre, ofendiendo a su propio padre, ambos serán

castigados con la muerte. Caiga su sangre sobre ellos.
12 »Si uno se acuesta con su nuera, ambos serán castigados con la muerte. Han cometido una

depravación. Caiga su sangre sobre ellos.

13 »Si un hombre se acuesta con otro hombre como si fuera una mujer, ambos cometen una abominación. Serán castigados con la muerte. Caiga su sangre sobre ellos.

14 »Si uno toma a la vez a una hija y a la madre, es cosa aborrecible. A él y a ellas los quemarán, para que no quede lo aborrecible entre ustedes.

15 »Si uno se acuesta con un animal, será castigado con la muerte. Al animal lo matarás.

16 »Si una mujer se ofrece a un animal para unirse con él, matarás a la mujer y al animal. Serán castigados con la muerte. Caiga su sangre sobre ellos.

17 »Si uno toma a una hermana por parte de padre o de madre y tiene relaciones, es una infamia. Serán públicamente excluidos de su pueblo. Por haber tenido relaciones con su hermana, cargará con su culpa.

18 »Si uno se acuesta con una mujer durante su menstruación, descubriendo ambos la fuente de la sangre, los dos serán excluidos de su pueblo.

19 »No tendrás relaciones con una tía materna o paterna. Por haber tenido relaciones con alguien de su propia sangre, cargarán con su culpa.

20 »Si uno se acuesta con la cuñada de su padre, ofende a su tío. Cargarán con su pecado y morirán sin hijos.

21 »Si uno toma a su cuñada, es una inmundicia. Ofende a su propio hermano. No tendrán hijos.

22 »Cumplan todas mis leyes y mandatos poniéndolos en práctica, para que no los vomite la tierra a donde los llevo para que habiten en ella.

23 No sigan la legislación de los pueblos que voy a expulsar delante de ustedes, porque me da asco su proceder.

24 Ya les he dicho: Ustedes poseerán su tierra, yo se la voy a dar en posesión, una tierra que mana leche y miel. Yo soy el Señor, su Dios, que los he separado de los demás pueblos.

25 »Separen también ustedes los animales puros de los impuros, las aves impuras de las puras, y no se contaminen con animales, aves o reptiles que yo he separado como impuros.

26 »Sean para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo, y los he separado de los demás pueblos para que sean míos.

27 »El hombre o la mujer que consulten a los muertos o a otros espíritus serán castigados con la muerte. Serán apedreados. Caiga su sangre sobre ellos.

Filón de Alejandría: De specialibus legibus III VII 40-42 (tr. José María Treviño)

(Filón leía el texto de la Biblia en griego, no en hebreo, de modo que aquí está interpretando las palabras “arsenos” y “koitén” de los LXX arriba – es decir, le parecía “evidente” en su época – fue contemporáneo de San Pablo – que estas palabras hacían referencia a la prostitución sagrada)

40. La causa, entiendo yo, reside en el hecho de que en muchos pueblos están asignados galardones a la incontinencia y el afeminamiento. Por ejemplo, se da el caso de ver a los tales afeminados contoneándose sin cesar a través de una plaza repleta de gente, participando en las procesiones durante las fiestas, designados, a pesar de su impiedad, como oficiantes de piadosos ritos, presidiendo misterios e iniciaciones, y celebrando los cultos de Deméter.

41. Y todos los que entre ellos, ansiosos de aumentar su juvenil belleza, procuraron transformarse completamente en mujeres y se mutilaron los órganos genitales, son revestidos de púrpura, como si procuraran grandes beneficios a sus países; y marchan al frente escoltados por guardias de corps, atrayendo la atención de los que hallan a su paso.

(Son conocidos los casos de la castración cultual de los sacerdotes, de Attis y Cibeles en Frigia, llamados Galos; nombre que significó también eunucos, y de Artemisa de Éfeso y de la Astarte fenicia) Nota del traductor

42. Pero, si tal indignación de nuestro legislador* fue contra los que osan entregarse a tales prácticas, los que sin compasión alguna fueron eliminados por ser cada uno de ellos una mancha y una contaminación para su país, no estaría de más que muchos otros se dieran por advertidos; que los implacables castigos aplicados a los ya condenados son, y no en pequeña medida, eficaces para disuadir a los ansiosos de entregarse a similares costumbres.

(Lev. XX, 13 y Deut. XXIII, 1.) Nota del traductor
*
Moisés, cuyo texto Filón trataba en griego….o sea, aquí refería tanto a “arsenos koitén” como a eunucos o “iniciados” (teliskomenos = prostituto sagrado)

James Alison: La historia de Sodoma – Génesis 19 – EP 2

Textos para la 2a sesión (Sodoma y Guibeá)

Genesis 19 (La Biblia de Nuestro Pueblo, trad. Alonso)

Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot, que estaba sentado a la puerta de la ciudad, al verlos se levantó a recibirlos y se postró rostro en tierra.
Y dijo: –Señores míos, les ruego que pasen a hospedarse a la casa de este servidor. Lávense los pies y por la mañana seguirán su camino. Contestaron: –No; pasaremos la noche en la plaza. Pero él insistió tanto, que pasaron y entraron en su casa. Les preparó comida, coció panes y ellos comieron. Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad rodearon la casa: jóvenes y viejos, toda la población hasta el último.

Y le gritaban a Lot: –¿Dónde están los hombres que han entrado en tu casa esta noche? Sácalos para que nos acostemos con ellos.
Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo: –Hermanos míos, no sean malvados. Miren, tengo dos hijas que aún no han conocido varón alguno; se las traeré para que las traten como quieran, pero no hagan nada a estos hombres que se han hospedado bajo mi techo.

Contestaron: –Apártate de ahí; este individuo ha venido como inmigrante y ahora se mete a juez. Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.
Y empujaban a Lot intentando forzar la puerta. Pero los visitantes alargaron el brazo, metieron a Lot en casa y cerraron la puerta. Y a los que estaban junto a la puerta, pequeños y grandes, los cegaron, de modo que no podían encontrar la puerta.

Los visitantes dijeron a Lot: –¿Tienes más familiares aquí? Toma a tus yernos, hijos, hijas, a todos los tuyos y todo lo que tengas en esta ciudad y sácalos de este lugar.
Vamos a destruir este lugar, porque la acusación presentada al Señor contra este sitio es muy seria, y el Señor nos ha enviado para destruirlo.

Lot salió a decirles a sus yernos –prometidos de sus hijas–: –Vamos, salgan de este lugar, que el Señor va a destruir la ciudad. Pero ellos lo tomaron a broma.
Al amanecer, los ángeles apuraron a Lot: –Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de la ciudad.

Y como no se decidía, los agarraron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad.
Una vez fuera, le dijeron: –Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la región baja; ponte a salvo en los montes para no perecer. Lot les respondió: –No, señores, por favor.

Sé que gozo del favor de ustedes, porque me han salvado la vida tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, el desastre me alcanzará y moriré. Mira, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña, salvaré allí la vida. Uno de ellos le contestó: –Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Apúrate, ponte a salvo allí, porque no puedo hacer nada hasta que llegues. Por eso la ciudad se llama Zoar. Cuando Lot llegó a Zoar, salía el sol.

El Señor desde el cielo hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra.
Arrasó aquellas ciudades y toda la región baja con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo.
La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal.
Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la región baja, y vio una humareda que subía

del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había vivido.
Lot subió de Zoar y se instaló en el monte con sus dos hijas, pues temía habitar en Zoar; de modo que se instaló en una cueva con sus dos hijas.

La mayor dijo a la menor: –Nuestro padre ya es viejo y en el país ya no hay un hombre que se acueste con nosotras como se hace en todas partes.
Vamos a emborrachar a nuestro padre y nos acostamos con él: así daremos vida a un descendiente de nuestro padre.

Aquella noche embriagaron a su padre y la mayor se acostó con él, sin que él se diese cuenta cuando ella se acostó y se levantó.
Al día siguiente la mayor dijo a la menor: –Anoche me acosté yo con mi padre. Vamos a embriagarlo también esta noche y tú te acuestas con él: así daremos vida a un descendiente de nuestro padre.
Embriagaron también aquella noche a su padre, y la menor fue y se acostó con él, sin que él se diese cuenta cuando ella se acostó y se levantó.
Quedaron encinta las dos hijas de Lot, de su padre.
La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab, diciendo: De mi padre –es el antecesor de los moabitas actuales–.
También la menor dio a luz un hijo y lo llamó Amón diciendo: Hijo de mi pueblo –es el antecesor de los amonitas actuales–.

Ezequiel 16, 48-50 (La Biblia de Nuestro Pueblo, trad. Alonso)

¡Juro por mi vida! –oráculo del Señor– que Sodoma, tu hermana, y sus poblados no han obrado como han obrado tú y tus poblados.
Mira, ése fue el delito de Sodoma, tu hermana: soberbia, hartura de pan y bienestar apacible tuvieron ella y sus poblados, pero no dio una mano al desgraciado y al pobre.

Se engrieron frente a mí, cometieron prácticas idolátricas, y las quité de en medio en cuanto lo vi.

Jueces 19 21 (La Biblia de Nuestro Pueblo, trad. Alonso)

En aquel tiempo no había rey en Israel. En la serranía de Efraín vivía un levita que tenía una concubina de Belén de Judá. Ella le fue infiel y se marchó a casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allí cuatro meses. Su marido se puso en camino tras ella, a ver si la convencía para que volviese. Llevó consigo un criado y un par de burros. Llegó a casa de su suegro, y al verlo, el padre de la chica salió todo contento a recibirlo. Su suegro, el padre de la chica, lo retuvo, y el levita se quedó con él tres días, comiendo, bebiendo y durmiendo allí. Al cuarto día madrugó y se preparó para marchar. Pero el padre de la chica le dijo: –Repara antes tus fuerzas, prueba un bocado y luego te irás. Se sentaron a comer y beber juntos. Después el padre de la chica dijo al yerno: –Anda, quédate otro día, que te sentará bien. El levita se disponía a marchar; pero su suegro le insistió tanto, que cambió de parecer y se quedó allí. A la mañana del quinto día madrugó para marchar, y el padre de la chica le dijo: –Anda, repón fuerzas. Y se entretuvieron

comiendo juntos, hasta avanzado el día. Cuando el levita se levantó para marchar con su concubina y el criado, el suegro, el padre de la chica, le dijo: –Mira, ya se hace tarde; pasa aquí la noche, que te sentará bien; mañana madrugas y haces el camino a casa. Pero el levita no quiso quedarse y emprendió el viaje; así llegó frente a Jebús –o sea, Jerusalén–. Iba con los dos burros aparejados, la concubina y el criado. Llegaron cerca de Jebús al atardecer, y le dice el criado a su amo: –Podemos desviarnos hacia esa ciudad de los jebuseos y hacer noche en ella. Pero el amo le respondió: –No vamos a ir a una ciudad de extranjeros, de gente no israelita. Seguiremos hasta Guibeá. Y añadió: –Vamos a acercarnos a uno de esos lugares, y pasaremos la noche en Guibeá o en Ramá.
Siguieron su camino, y cuando el sol se ponía llegaron a Guibeá de Benjamín. Se dirigieron allá para entrar a pasar la noche. El levita entró en el pueblo y se instaló en la plaza, pero nadie los invitó a su casa a pasar la noche. Ya de tarde llegó un viejo de su labranza. Era oriundo de la sierra de Efraín, y, por tanto, emigrante también él en Guibeá. Los del pueblo eran benjaminitas. El viejo alzó los ojos y vio al viajero en la plaza del pueblo. Le preguntó: – ¿Adónde vas y de dónde vienes? Le respondió: –Vamos de paso, desde Belén de Judá hasta la serranía de Efraín; yo soy de allí y vuelvo de Belén a mi casa; pero nadie me invita a la suya, y eso que traigo paja y forraje para los burros, y tengo comida para mí, para tu servidora y para el criado que acompaña a tu servidor. No nos falta nada. El viejo le dijo: –¡Sé bienvenido! Yo me haré cargo de todo lo que necesites. No voy a permitir que pases la noche en la plaza. Lo metió en su casa, dio de comer a los burros, los viajeros se lavaron los pies y se pusieron a cenar. Estaban pasando un momento agradable cuando los del pueblo, unos pervertidos, rodearon la casa, y golpeando la puerta, gritaron al viejo, dueño de la casa: –Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que nos aprovechemos de él.
El dueño de la casa salió afuera y les rogó: –Por favor, hermanos, por favor, no hagan una barbaridad con ese hombre, porque ese hombre es mi huésped; ¡no cometan tal infamia! Miren, están mi hija y su concubina; las voy a sacar para que abusen de ellas y hagan con ellas lo que quieran; pero a ese hombre no se les ocurra hacerle tal infamia. Como no querían hacerle caso, el levita tomó a su mujer y la sacó afuera. Ellos se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche hasta la madrugada; cuando amanecía la soltaron. Al rayar el día volvió la mujer y se desplomó ante la puerta de la casa donde se había hospedado su marido; allí quedó hasta que clareó. Su marido se levantó a la mañana, abrió la puerta de la casa, y salía ya para seguir el viaje, cuando encontró a la concubina caída a la puerta de la casa, las manos sobre el umbral. Le dijo: –Levántate, vamos. Pero no respondía. Entonces la recogió, la cargó sobre el burro y emprendió el viaje hacia su pueblo. Cuando llegó a su casa, agarró un cuchillo, tomó el cadáver de su concubina, lo despedazó en doce trozos y los envió por todo Israel. Cuantos lo vieron comentaban: –Nunca ocurrió ni se vio cosa igual desde el día en que salieron los israelitas de Egipto hasta hoy. Reflexionen, deliberen y decidan.
Todos los israelitas, desde Dan hasta Berseba, incluido el país de Galaad, fueron como un solo hombre a reunirse en asamblea ante el Señor en Mispá. Asistieron a la asamblea del pueblo de Dios los dignatarios del pueblo y todas las tribus de Israel: cuatrocientos mil soldados armados de espada. Los benjaminitas se enteraron de que los israelitas habían ido a Mispá. Los israelitas empezaron: –Ustedes dirán cómo se cometió ese crimen. El levita, marido de la que había sido asesinada, respondió: –Mi mujer y yo llegamos a Guibeá de Benjamín para pasar la noche. Los del pueblo se levantaron contra mí, rodearon la casa de noche intentando matarme, y abusaron de mi mujer hasta hacerla morir. Entonces tomé a la concubina, la despedacé y envié los trozos por toda la herencia de Israel, porque se había cometido un crimen infame en Israel. Todos ustedes son israelitas: deliberen y tomen una decisión. Todo el pueblo se puso en pie como un solo hombre, diciendo: –Ninguno de nosotros marchará a su tienda ni se volverá a su casa.

Ahora vamos a actuar así contra Guibeá: sortearemos los que han de atacarla; de todas las tribus de Israel tomaremos diez hombres de cada cien, cien de cada mil, mil de cada diez mil, para encargarse de los víveres del ejército que irá contra Guibeá de Benjamín a castigar como se merece esa infamia que han cometido en Israel. Todos los israelitas, como un solo hombre, se reunieron contra la ciudad. Entonces las tribus israelitas mandaron emisarios a la tribu de Benjamín a decirles: –¿Qué explicación dan del crimen que se ha cometido entre ustedes? Entreguen a esos pervertidos de Guibeá, para que los matemos y así se borre este crimen de en medio de Israel. Pero los de Benjamín no quisieron hacer caso de sus hermanos los israelitas. Desde sus ciudades se congregaron en Guibeá para ir a la guerra contra los israelitas. De las ciudades de Benjamín se alistaron aquel día veintiséis mil hombres armados de espada, sin contar a los vecinos de Guibeá. En todo aquel ejército se alistaron setecientos zurdos, hombres que manejaban tan bien la honda, que podían darle con la piedra a un cabello, sin fallar el tiro. Los israelitas, excluidos los benjaminitas, alistaron cuatrocientos mil hombres armados de espada, todos ellos gente aguerrida. Se pusieron en camino hacia Betel y consultaron a Dios: – ¿Quién de nosotros será el primero en subir a luchar contra los benjaminitas? El Señor respondió: –Judá será el primero. Los israelitas se levantaron temprano y acamparon frente a Guibeá. Salieron al combate contra Benjamín y formaron frente a Guibeá. Pero los benjaminitas salieron de Guibeá y dejaron tendidos en tierra aquel día a veinte mil israelitas. Los israelitas fueron a Betel a llorar ante el Señor hasta la tarde. Le consultaron: –¿Volvemos a presentar batalla a nuestro hermano Benjamín? El Señor respondió: –Suban a atacarlo. Entonces se rehicieron, volvieron a formar en orden de batalla en el mismo sitio que el día anterior y se acercaron a los de Benjamín aquel segundo día. Pero los de Benjamín salieron a su encuentro desde Guibeá aquel segundo día y dejaron tendidos en tierra otros dieciocho mil israelitas armados de espada. Entonces subieron a Betel todos los israelitas, todo el ejército, a llorar allí, sentados ante el Señor. Ayunaron aquel día hasta la tarde, ofrecieron al Señor holocaustos y sacrificios de comunión y le consultaron porque en aquella época estaba allí el arca de la alianza y oficiaba Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón: –¿Volvemos a salir al combate contra nuestro hermano Benjamín, o desistimos? El Señor respondió: –Ataquen, que mañana se lo entregaré. Entonces pusieron emboscadas en torno a Guibeá y marcharon contra Benjamín el tercer día, formando frente a Guibeá como las otras veces.

Los benjaminitas salieron a su encuentro, alejándose del pueblo, y como las otras veces, empezaron a destrozar y herir por los caminos, el que sube a Betel y el que va a Gabaón. Así mataron en campo abierto a unos treinta israelitas, y comentaron: –Ya están derrotados, como el primer día. Pero es que los israelitas habían convenido: –Emprenderemos la huida para alejarlos de la ciudad hacia los caminos. El grueso del ejército se reorganizó en Baal-Tamar. Los que estaban emboscados salieron de sus posiciones desde el claro de Guibeá. Diez mil hombres selectos de Israel llegaron delante de Guibeá, y se entabló un combate reñido, sin que los benjaminitas se dieran cuenta de que el desastre se les echaba encima. El Señor los castigó ante Israel: aquel día los israelitas hicieron a Benjamín veinticinco mil cien bajas, todos soldados armados de espada. Los benjaminitas se vieron derrotados. Los israelitas retrocedieron ante Benjamín, contando con la emboscada que habían tendido contra Guibeá. Los de la emboscada asaltaron Guibeá rápidamente; fueron y pasaron a cuchillo a toda la población. Los israelitas habían convenido con los de la emboscada en que, cuando hicieran subir una humareda desde el pueblo, ellos presentarían batalla. Los de Benjamín lograron matar a unos treinta israelitas, con lo que se confiaron, y comentaron: –Ya están derrotados, como en el primer combate. Pero en aquel momento empezó a subir la humareda desde el pueblo. Los benjaminitas miraron atrás y vieron que el pueblo entero subía en llamas al cielo; entonces los israelitas presentaron batalla, y los de Benjamín quedaron aterrorizados viendo

que el desastre se les echaba encima, y huyeron ante los israelitas, camino del desierto, con el enemigo pisándoles los talones. Los que habían arrasado el pueblo les cortaron el paso y los dividieron, persiguiéndolos sin descanso; los persiguieron hasta llegar frente a Guibeá, al oriente. Las bajas de Benjamín fueron dieciocho mil hombres, todos soldados. En su huida se dirigieron hacia el desierto, a Sela Harrimón; pero los israelitas dieron alcance a cinco mil por los caminos, los persiguieron de cerca, hasta Guideán, y les mataron dos mil hombres.

Las bajas de Benjamín aquel día fueron veinticinco mil hombres armados de espada, todos gente de guerra. En su huida, seiscientos hombres se dirigieron hacia el desierto, a Sela Harrimón, y allí estuvieron cuatro meses. Los israelitas se volvieron contra los de Benjamín. Los pasaron a cuchillo, desde las personas hasta el ganado y todo lo que encontraban; todas las ciudades que encontraron las incendiaron. Los israelitas habían hecho este juramento en Mispá: –Ninguno de nosotros dará su hija en matrimonio a un benjaminita. Fueron a Betel y estuvieron allí sentados ante Dios hasta la tarde, gritando y llorando inconsolables, y decían: – ¿Por qué, Señor, Dios de Israel, ha pasado esto en Israel, que ha desaparecido hoy una tribu de Israel? Al día siguiente madrugaron, construyeron allí un altar y ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Después preguntaron: –¿Quién de entre todas las tribus de Israel no acudió a la asamblea ante el Señor? Porque se habían juramentado solemnemente contra el que no se presentase ante el Señor en Mispá, en estos términos: morirá irremediablemente. Los israelitas sentían lástima por su hermano Benjamín y comentaban: –¡Una tribu se ha desgajado hoy de Israel! ¿Cómo proveer de mujeres a los supervivientes? Porque nosotros nos hemos juramentado por el Señor a no darles a nuestras hijas en matrimonio. ¿Quién de las tribus de Israel no se presentó ante el Señor en Mispá? Resultó que ningún hombre de Yabés de Galaad había venido al campamento para la asamblea; al pasar revista a la tropa, vieron que allí no había nadie de Yabés de Galaad. Entonces la asamblea mandó allá doce mil soldados, con esta orden: –Vayan y pasen a cuchillo a Yabés de Galaad, sin perdonar mujeres ni niños. Háganlo de modo que exterminen a todos los hombres y a las mujeres casadas, dejando con vida a las solteras. Así lo hicieron. Y resultó que en Yabés de Galaad había cuatrocientas muchachas jóvenes no casadas, y las llevaron al campamento de Siló, en tierra de Canaán. Luego envió la asamblea una embajada a los benjaminitas de Sela Harrimón, con propuestas de paz. Los benjaminitas volvieron, y los hombres de Israel les dieron las mujeres que quedaban de Yabés de Galaad, pero no hubo para todos. El pueblo se compadeció de Benjamín, porque el Señor había abierto una brecha en las tribus israelitas. Los ancianos de la asamblea se preguntaban: – ¿Cómo proveer de mujeres a los supervivientes? Porque las mujeres de Benjamín han sido exterminadas. ¡Que los supervivientes de Benjamín tengan herederos y no se borre una tribu de Israel! Claro que nosotros no podemos darles nuestras hijas en matrimonio. Porque habían jurado: ¡Maldito el que dé una mujer a Benjamín! Entonces propusieron: –Está la fiesta del Señor, que se celebra todos los años en Siló, al norte de Betel, al este del camino que va de Betel a Siquén, al sur de Libna. Y dieron estas instrucciones a los benjaminitas: –Vengan a esconderse entre las viñas, y estén atentos: cuando salgan las muchachas de Siló a bailar en grupos, salgan también ustedes de las viñas, y róbese cada uno una mujer, y váyanse a su tierra. Si luego vienen sus padres o hermanos a protestar contra ustedes, les diremos: Tengan compasión de ellos, que no las han raptado como esclavas de guerra ni ustedes se las han dado; porque en ese caso serían culpables. Los benjaminitas lo hicieron así, y de las danzantes que habían raptado se quedaron con las mujeres que necesitaban. Después se volvieron a su herencia, reconstruyeron sus ciudades y las habitaron. Los israelitas se reintegraron, cada uno a su tribu y su clan, y se fueron de allí cada cual a su herencia. Por entonces no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien.

James Alison: Acostumbrarse a un mundo muy diferente – EP 1

Textos para la 1a sesión (Introducción)

Es necesario eliminar también, evidentemente, toda actualización que va en el sentido
contrario a la justicia y a la caridad evangélicas. Como por ejemplo aquellas que buscan fundar la segregación racial, el antisemitismo y el sexismo, masculino o femenino, sobre los textos bíblicos. Es necesaria una atención especial, según el espíritu del Concilio Vaticano II, para evitar absolutamente toda actualización de ciertos textos del Nuevo Testamento en un
sentido que podría provocar o reforzar actitudes desfavorables en relación a los judíos.

De: La interpretación de la Biblia en la Iglesia (Pontificia Comisión Bíblica, Roma 1993) Génesis 9, 18-28 (La Biblia de Nuestro Pueblo – trad. Alonso)

Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet –Cam es antepasado de Canaán–. Éstos son los tres hijos de Noé que se propagaron por toda la tierra.

Noé, que era labrador, fue el primero que plantó una viña.
Bebió el vino, se emborrachó y se desnudó en medio de su tienda de campaña.
Cam –antecesor de Canaán–vio la desnudez de su padre y salió a contárselo a sus hermanos. Sem y Jafet tomaron una capa, se la echaron sobre los hombros de ambos y caminando de espaldas cubrieron la desnudez de su padre. Vueltos de espaldas, no vieron la desnudez de su padre.

Cuando se le pasó la borrachera a Noé y se enteró de lo que le había hecho su hijo menor, dijo: –¡Maldito Canaán! Sea siervo de los siervos de sus hermanos.
Y añadió: –¡Bendito sea el Señor Dios de Sem! Canaán será su siervo.

Agrande Dios a Jafet, habite en las tiendas de Sem. Canaán será su siervo.
Noé vivió después del diluvio trescientos cincuenta años, y a la edad de novecientos cincuenta murió.

2 Samuel 10, 1-5 (La Biblia de Nuestro Pueblo – trad. Alonso)

Murió después el rey de los amonitas, y su hijo Janún le sucedió en el trono.
David dijo: –Voy a devolverle a Janún, hijo de Najás, los favores que me hizo su padre. Y por medio de unos embajadores le envió el pésame por la muerte de su padre.
Pero cuando los embajadores de David entraron en territorio amonita, los generales amonitas dijeron a su señor Janún: –¿Crees que David te da el pésame para mostrarte su estima por tu padre? ¿No será para examinar la ciudad, explorarla y después destruirla?
Janún apresó a los embajadores de David, les afeitó media barba, les cortó la ropa por la mitad, a la altura de las nalgas, y los despidió. Ellos volvieron avergonzados.

Se lo comunicaron a David que les envió este mensaje: –Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y luego vengan.

De visita con Karola Mx

Estuve de visita en el showroom de Karola Mx, en donde su creadora Carolina Canepa nos conto sobre su plataforma y como ha sido su camino como empresaria mexicana en el negocio de la renta de vestidos.